La actual Cooperativa de Agricultores de Gijón es descendiente directa de la Asociación de Agricultores del concejo de Gijón, creada en marzo de 1906 al amparo de la ley de Asociaciones de 1887. Orientada hacia la promoción y defensa de los intereses del campo, la Asociación de Agricultores de Gijón -que se constituye en un sindicato agrícola reconocido por el Gobierno en el año 1909- se plantea desde un primer momento la creación de una cooperativa de consumo que permita abaratar los costes de productos de primera necesidad para el campesinado (abonos, semillas, etc). De hecho, este servicio corre a cargo de la Asociación antes de que ésta logre hacer efectivos los deseos de crear su cooperativa, objetivo que se demora hasta que en 1911 se da inicio a gestiones que aún tendrán que esperar dos años para verse concretadas. Desde entonces ha venido funcionando de forma ininterrumpida una cooperativa que ha sobrevivido a la Asociación que le dio origen, superando todo tipo de avatares históricos, ya fueran políticos o socioeconómicos.
Como sindicato agrícola, la Asociación de Agricultores viene a dar cauce a la necesidad de representar los intereses de los campesinos ante una serie de problemas relacionados con las administraciones públicas (particularmente la municipal) y con circunstancias derivadas de su incorporación al mercado. A este respecto, la entrada en funcionamiento de la Azucarera de Veriña representa un impulso decisivo, en tanto que el cultivo de remolacha destinado en exclusiva a la venta dentro de economías domésticas que en gran medida seguían basadas aún en la autosubsistencia y estaban poco habituados a la circulación monetaria. Las relaciones con la Azucarera obligan anualmente a realizar planteamientos colectivos de cara a la negociación de cupos de producción y precios, dando lugar a asambleas donde se discute la postura a adoptar y, con cierta frecuencia, son decididas medidas de presión. A su vez, las tasas y arbitrios municipales son una fuente permanente de malestar que origina constantes fricciones con el Ayuntamiento. En esta dinámica conflictiva se gesta y desarrolla la Asociación de Agricultores, obteniendo de la misma buena parte de los vínculos que desde un principio le proporcionan cohesión interna y personalidad.
El antecedente inmediato de organización del campesinado gijonés viene dado por la constitución, en 1900, de la efímera Asamblea de Labradores de Gijón, que tiene como origen la defensa frente a lo que consideran abusos por parte de las fábricas de azúcar en cuanto a precios y pesado de la remolacha. Seis años más tarde, la Asociación de Agricultores de Gijón nace como resultado de un contencioso sostenido con el Ayuntamiento en torno a la extracción de arena de la playa de San Lorenzo para sanear sus cuadras. La Asociación se fragua a partir de un banquete de agradecimiento a Senén Rendueles, concejal que haba defendido sus planteamientos y que se convierte en su primer presidente. Las condiciones están lo bastante maduras como para que la nueva organización se desarrolle rápidamente (1.218 afiliados al finalizar el año de su fundación) y promueva una movilización que concentra ante el Ayuntamiento a un millar de personas para respaldar todo un programa de quejas de la zona rural del concejo, que se considera postergada respecto a la villa. El elevado nivel de afiliación que alcanza en su primera andadura se mantendrá estable en lo sucesivo. Puede afirmarse que una amplia mayora de los agricultores del concejo forman parte de "la Sociedad", término por el cual ser habitualmente designada la Asociación.
Desde su misma constitución, la organización se estructura tomando como base las parroquias, contando en cada una de ellas con un delegado. A su vez, las juntas directivas se renuevan anualmente en asambleas celebradas a comienzos de cada año. En su vida asociativa mantienen una regularidad mensual o quincenal de las reuniones, tanto de Juntas Directivas como de Asambleas ordinarias. En muchas ocasiones, las actas de las mismas o reseñas de los temas tratados suelen aparecer recogidas de forma regular en la prensa local a través de comunicados pagados por la propia Asociación de Agricultores. Este hecho revela la adquisición de un papel relevante en la vida local, con una repercusión pública de sus problemas y actividades que no dejar de tener su reflejo en la presencia en actos y acontecimientos de especial resonancia. As, cabra mencionar el desfile de los miembros de la Asociación de Agricultores portando los estandartes de la misma en la magna procesión jovellanista habida en la ciudad en 1911, con motivo del centenario de la muerte de su hijo más ilustre, o también en los desfiles organizados con ocasión de la visita de alguna de las infantas. Igualmente la frecuente invitación cursada desde la corporación municipal con motivo de eventos, banquetes y recepciones y la relación establecida con la Cámara de Comercio, Industria y Navegación. Andando el tiempo, otros eventos como las Exposiciones Agropecuarias de finales de los años veinte dentro del marco de las Ferias de Muestras Asturianas y la Fiesta del Agro, celebrada en 1935 en honor de Jovellanos, dejarán una huella perenne en la memoria colectiva, tal como ponen de relieve algunas de las entrevistas realizadas a socios veteranos.
La pujanza alcanzada por la Asociación de Agricultores alcanza uno de sus hitos más relevantes en 1909, protagonizando gestiones ante el gobierno de Madrid que revelan una insólita capacidad para expresar a un tiempo reivindicaciones muy concretas de carácter sectorial y planteamientos generales que afectan al municipio en su conjunto. Con motivo del contencioso sostenido a propósito del arbitrio de la sidra, dos comisionados de la Asociación (Germán de la Cera y José Bernardo Acebal) se desplazan a Madrid, siendo recibidos por los ministros de Hacienda y Fomento y presentando ante éste una exposición de las necesidades más perentorias para tratar de paliar la crisis padecida por Gijón: abaratamiento de los tráficos del puerto de El Musel, carretera de acceso al mismo, faro de Santa Catalina, apoyo al carbón nacional y mejoras urbanísticas.
Hasta su asentamiento en un edificio sito en la calle Santa Ana, que servir de sede durante casi sesenta años, la Asociación de Agricultores se instala de forma provisional en el n 138 de la calle Cabrales, pasando en 1907 a la calle Concepción Arenal n 8 y un año más tarde al n 38 de Anselmo Cifuentes. Tras adquirir en 1911 el local de la calle Santa Ana, las deficiencias que presenta el edificio llevarán a plantearse su abandono por otro más céntrico antes de decidir la reforma de éste, levantando un piso y acometiendo diversas mejoras entre 1914 y 1915, resolviendo los problemas de espacio y acondicionamiento que demandaba la actividad de una organización pujante que desarrolla además un importante movimiento comercial a través de su cooperativa.
Junto a los cauces regulares de participación conforme a procedimientos democráticos que la Asociación proporciona a los campesinos gijoneses y el papel de valedor de sus intereses frente a un sentimiento de abandono largamente sentido, el atractivo para los socios reside igualmente en la amplitud de los servicios prestados o en lo ambicioso de alguno de los proyectos que alienta. La creación de la cooperativa es sin duda el más importante, al satisfacer el suministro de productos de primera necesidad a precios asequibles: harinas, semillas, aperos, herramientas, abonos... Ocasionalmente se buscarán también mercados exteriores para las producciones de manzana y carne o serán promovidas movilizaciones a favor de la importación de maíz o en protesta contra tratados comerciales con terceros pases juzgados desfavorables para sus intereses, como, por ejemplo, los acuerdos que abren las puertas a la importación de carne procedente de Uruguay o de lácteos holandeses. En 1917 se dotan de una asesora jurídica (abogado y procurador) y un sistema de arbitraje para evitar los litigios entre socios. A la altura de 1919 ser establecido un seguro médico que pretende superar la deficiente asistencia sanitaria padecida por los habitantes de la zona rural al no residir los médicos en las aldeas. Las dificultades económicas truncarán, no obstante, esta iniciativa, del mismo modo que se ve frustrada una carnicera instalada por la Asociación en las dependencias de la Pescadera Municipal en 1923. Las aspiraciones albergadas y no materializadas durante largo tiempo incluyen también la constitución de una caja de crédito agrícola concebida como instrumento que contribuyera a financiar la actividad de la cooperativa.
Paralelamente a esta intensa vida local, la Asociación de Agricultores de Gijón desempeñar en este periodo un liderazgo importante en el incipiente sindicalismo agrario en Asturias. Igualmente, estar presente en intentos de articulación de un movimiento de federación campesina astur-galaica, efímero y marcado en sus primeros años por las campañas por redención de los foros que se sustanciar en una gran manifestación en Gijón en el año 1908. Los dirigentes gijoneses tomarán un protagonismo activo en la Federación Agrícola Asturiana, organización que aglutina al sindicalismo agrario de corte laico, republicano y reformista, en contraposición al de carácter confesional, inspirado por la Iglesia Católica, que tiene una débil presencia en Gijón.
La voluntad de adquirir una presencia política que represente los intereses agrarios en las instituciones lleva igualmente a plantearse reiteradamente la presentación de candidaturas propias a las elecciones municipales. Lo habitual ser, sin embargo, que los candidatos agrarios figuren en listas de diversos partidos, y particularmente en las del Reformista de Melquíades Álvarez, a través del cual se mantiene una presencia continuada en la corporación municipal y se obtienen canales de acceso a los ministerios. En 1931, una coalición entre agrarios y republicanos federales aporta dos diputados en las Cortes Constituyentes de la Segunda República, resultando para ello decisivo el apoyo electoral obtenido en Gijón.
Tanto antes como después de haber alcanzado una presencia en el consistorio a través de dirigentes de la Asociación de Agricultores que alcanzan actas de concejal, la relación con la institución municipal gijonesa tiende a resultar conflictiva. Casi todas las reivindicaciones que dan lugar a movilizaciones y medidas de presión provienen de la resistencia ante decisiones del Ayuntamiento que tienden a aumentar la cuanta de los impuestos que los agricultores deben pagar: as ocurrir especialmente con la subida de las tasas que gravaban la leche y la sidra. Dichos aumentos de la fiscalidad -especialmente el relacionado con la leche- darán origen a dos enconados conflictos en los que los agricultores del concejo sostienen, en 1909 y 1916, sendas huelgas que bloquean durante semanas el abastecimiento de leche a la ciudad. En la primera de ellas (1909) tienen una enérgica participación activa las mujeres en los piquetes (de hecho, serán la mayor parte de las detenidas), contando la movilización con la solidaridad de los agricultores de Carreño y el apoyo de las sociedades obreras de la villa.
En el seno de la Asociación de Agricultores también se va a desarrollar una importante labor divulgadora tanto en el aspecto técnico como en el cultural, destacando la realización de conferencias de destacados conocedores de las innovaciones en materia agropecuaria o la cesión de sus locales para el aprendizaje de sus socios. En esta misma línea se encontraran otras iniciativas, como la persistente demanda de puesta en marcha de una granja de experimentación agraria, idea auspiciada desde Madrid por Rodríguez San Pedro y largamente defendida, desde 1911, por la Asociación, si bien tardar más de cuarenta años en verse materializada. En otro orden de cosas, entre 1909 y 1936, la Asociación edita mensualmente una revista, La Voz del Agricultor, que acta como vehículo de comunicación con los socios hasta que se vea cortada por la Guerra Civil. Tanto su longevidad y regularidad como la calidad de la edición dan buena prueba de la solvencia alcanzada por una publicación que, con una tirada de 2.000 ejemplares, era distribuida de forma gratuita entre los socios.
La Guerra Civil representa un corte profundo y de consecuencias irreversibles en la historia del asociacionismo agrario gijonés. Los cambios políticos y legislativos que trae aparejados el resultado de la contienda repercuten de forma intensa sobre la Asociación de Agricultores de Gijón. Esta deja de existir como tal, sobreviviendo únicamente lo que hasta entonces haba sido una de sus secciones: la Cooperativa. Ello significa su desaparición como sindicato agrario, función que pasa a ser desempeñada -desde presupuestos muy diferentes- por la Hermandad de Labradores y Ganaderos. Subsiste, en cambio, la Cooperativa, si bien bajo la tutela de la Hermandad, a su vez encuadrada en el aparato estatal que representan los sindicatos verticales del Régimen. Se pierde as la autónoma respecto a los poderes públicos, que intervienen de forma directa en la designación de los responsables, pero existe, sin embargo, una continuidad apreciable, en la medida en que las interferencias políticas no alcanzan al funcionamiento ordinario de la Cooperativa y entre los asociados permanece vivo el recuerdo de "la Sociedad", como la siguen denominando.
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